Una estría blanca y una cicatriz atrófica plantean el mismo problema: una matriz dérmica desorganizada, empobrecida en colágeno y elastina. Ningún activo aplicado por sí solo remodela esa matriz, y por eso las cremas casi siempre decepcionan en estas indicaciones.

La palanca es mecánica. El microneedling o un peeling corrector crean una agresión controlada que reactiva la cicatrización y reorganiza las fibras. El activo regenerante viene después a sostener esa neosíntesis — exosomas, PDRN, silicio orgánico, factores de crecimiento. El orden importa: el activo solo no hace nada, la técnica sola rinde menos.

La antigüedad marca el pronóstico. Una estría roja, reciente y aún inflamatoria, responde bien y rápido. Una estría blanca, antigua y despigmentada, mejora pero no desaparece — decirlo con claridad evita una decepción en la sexta sesión. Las cicatrices de acné deprimidas siguen la misma lógica.

Cuente entre seis y diez sesiones separadas por tres o cuatro semanas, y evalúe con fotografías en lugar de con la memoria: la progresión es lenta, regular, y el ojo se acostumbra. La protección solar durante toda la cura no es opcional en una piel en pleno remodelado.

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