Tras la palabra «adelgazamiento» se esconden tres mecanismos muy distintos, y confundirlos es la primera causa de cura decepcionante.

La retención de agua produce un aspecto hinchado, variable a lo largo del día, sensible al calor y a la sal: requiere un drenante y trabajo linfático, y responde rápido. El adipocito exige un lipolítico y tiempo; el resultado se mide en centímetros, no en la báscula. La celulitis instalada, fibrosa, acolchada al pellizco, solo cede con el trabajo mecánico repetido — palpar-rodar, maderoterapia, cavitación — y es la más larga de tratar.

Un diagnóstico honesto al inicio de la cura evita prometer lo que el protocolo no podrá cumplir. Una medición centimétrica y una foto en la primera sesión valen más que cualquier discurso en la décima: la clienta olvida su punto de partida, usted no.

Los activos se combinan con la técnica en lugar de sustituirla. Un concentrado lipolítico penetrado mediante microneedling o radiofrecuencia no rinde igual que una crema aplicada a mano. Y el drenaje al final de la sesión — presoterapia o manual — evacua lo movilizado: sin él, parte del trabajo se pierde.

Los activos y los tratamientos

El equipo y la técnica

Los consumibles

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