La radiofrecuencia calienta la dermis en profundidad respetando la epidermis. En torno a 40-42 °C, el colágeno existente se retrae — es el efecto tensor perceptible ya en la primera sesión — y el fibroblasto se estimula, lo que desencadena una neosíntesis que se extiende entre seis y doce semanas.

Monopolar o bipolar: la diferencia no es comercial. El monopolar difunde más profundamente y conviene al cuerpo y a las zonas gruesas; exige una placa de retorno y un buen dominio de la potencia. El bipolar concentra la energía entre dos electrodos próximos, actúa de forma más superficial y se presta al rostro y a las zonas delicadas.

El soporte conductor no es un detalle: garantiza la transmisión de la corriente, evita los puntos calientes y permite el deslizamiento continuo del cabezal. Una película demasiado fina o un gel inadecuado y obtendrá a la vez una posible quemadura y un rendimiento mediocre. Las cremas conductoras activas añaden de paso un beneficio concreto, algo que sería una lástima desaprovechar en una sesión de treinta minutos.

El control de temperatura define la sesión: se busca una meseta sostenida varios minutos, no un pico. Y las contraindicaciones — implantes metálicos, marcapasos, embarazo — se verifican en cada sesión, no solo en la primera.

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