Bajo el mismo nombre se esconden dos tecnologías muy distintas, y confundirlas expone a accidentes reales.

El plasma caliente, llamado fibroblast, provoca una sublimación puntual de la epidermis: el punto de carbonización retrae los tejidos circundantes y el efecto tensor es inmediato y duradero. Es una técnica exigente, con costras, evicción social de una semana y riesgo pigmentario real en fototipos oscuros. Requiere formación previa, mano firme y consentimiento informado.

El plasma frío trabaja sin lesión: desinfecta, reduce la inflamación y mejora la penetración de los activos. Sin evicción, sin costras, con un uso mucho más amplio — preparación de la piel, acné, post-acto.

En ambos casos, el consumible hace el resultado. Las puntas se eligen según el gesto: fina para el trabajo de precisión y los párpados, plana o estriada para las superficies, redonda para zonas extensas. Se desgastan, y una punta fatigada deriva en potencia.

El protocolo post-acto no es negociable: antiséptico, solución recuperadora intensiva, mascarillas en pastilla, protección solar estricta durante varias semanas. Ahí se juega la cicatrización sin marcas — y es también lo que distingue a una profesional formada de una simple usuaria de aparato.

Los activos y los tratamientos

El equipo y la técnica

Los consumibles

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