El contorno del ojo no se trata como el resto del rostro, y asimilarlo es el error más frecuente. La piel es allí cuatro o cinco veces más fina, carece de glándulas sebáceas, es muy móvil, y la circulación linfática resulta naturalmente lenta.

Allí se mezclan tres problemáticas, y cada una requiere un activo distinto. La ojera pigmentaria, marrón, de origen melánico o postinflamatorio, responde a los despigmentantes suaves y a la vitamina C. La ojera vascular, azulada o violácea, procede de la estasis venosa y de la finura cutánea: cafeína, activos de microcirculación y vitamina K son aquí las palancas. La bolsa, por último, es de retención o bien una hernia grasa — la primera cede al drenaje y a los activos descongestivos, la segunda no cede a nada cosmético, y más vale decirlo.

Distinguir estos tres casos al inicio de la sesión condiciona todo lo demás. Una prueba sencilla: la ojera pigmentaria no cambia al estirar la piel, la vascular se atenúa.

El gesto cuenta tanto como el producto. Presión ligera, sentido del drenaje, nunca estiramiento. Los parches de hidrogel prolongan el efecto en casa y dan a la clienta un papel activo en el protocolo, lo que mejora claramente el seguimiento.

Los activos y los tratamientos

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