Una piel apagada rara vez tiene una sola causa, y por eso un sérum aislado suele decepcionar. Se acumulan tres mecanismos: una capa córnea engrosada que difunde mal la luz, una ralentización microcirculatoria que priva a la piel de oxígeno y un estrés oxidativo que altera los lípidos de superficie.

El protocolo eficaz actúa por tanto sobre los tres. Una renovación de superficie en primer lugar — peeling suave, exfoliación enzimática o ácidos de frutas — para alisar la reflexión de la luz: es lo que produce el efecto inmediato que la clienta percibe al salir. Un antioxidante después, la vitamina C en primer lugar, que neutraliza los radicales libres e interviene además en la síntesis de colágeno; su forma y su estabilidad cuentan tanto como su concentración. Un potenciador energético por último, multivitaminas o activos de microcirculación, que reactiva la actividad celular.

La vitamina C merece una precaución: inestable a la luz y al aire, se oxida virando al anaranjado, y un frasco amarillento ya no sirve. Prefiera los formatos unidosis en cabina y explique la conservación a la clienta para el mantenimiento en casa. Cuente con una cura de cuatro a seis sesiones seguidas y luego un mantenimiento mensual — la luminosidad es un resultado que se mantiene, nunca algo adquirido.

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